25. feb., 2016

Líder Emocionalmente Inteligente

Las emociones son parte fundamental de nuestra inteligencia, lo que conocemos con el término de inteligencia emocional, que aunque no es tan fácil de medir como el coeficiente intelectual, ocupa un lugar central en nuestras decisiones de éxito.

La inteligencia emocional es la capacidad de aprovechar las emociones de la mejor manera y combinarlas con el razonamiento para obtener el mejor resultado.

Se ha creído que desarrollando el intelecto es cómo se llegarán a obtener mejores resultados en la vida, por esta razón no se da a las emociones ningún estímulo e incluso tendemos a reprimirlas o a no exteriorizarlas por temor a ser criticados. Sin embargo el coeficiente intelectual es el responsable únicamente del 20% de nuestras decisiones. Por lo tanto un alto Cl no es sinónimo de éxito profesional, ni una vida satisfactoria y plena. 

No existe una racionalidad ajena a los sentimientos; esta idea no es más que una falta de atención hacia los estados de ánimo y emociones que te acompañan a lo largo de la vida.

Un LEI, es aquel que motiva, inspira y transforma para obtener los resultados esperados. No despierta miedo en su equipo, pues al ser fuente de inspiración, recibe de sus colaboradores el respeto y la admiración. Su equipo no le fallará porque está comprometido con él y con el resultado.

Para ser un líder emocionalmente inteligente, se necesita:

Positividad para motivar al equipo como una fuente clave para el clima organizacional. El empuje del LEI puede movilizar a todo un grupo en la misma dirección y tener un alto impacto en el estado de ánimo de los colaboradores que se refleje de manera muy en la productividad, eficiencia y los resultados. Esta motivación depende de tres factores:

  1. La identificación clara de las emociones.
  2. La capacidad de expresar adecuadamente las emociones. (tomando en cuenta las emociones de los demás y el entorno.)
  3. El hecho de ser más un emisor de emociones que un receptor.

La unidad y la cohesión de un equipo se construyen no sólo con la motivación del líder, sino a partir de los vínculos personales que lleguen a constituirse, por tanto no hay que dudar en organizar eventos deportivos donde todos participen, actividades que impliquen retos o entregas de premios que reconozcan el trabajo realizado, lo cual promueve un clima de cordialidad que configura una fuerte sensación de identidad común que favorece el rendimiento.

  

Carácter para inspirar la conducta y el comportamiento de quienes te rodean. La congruencia y el ejemplo en un líder, le darán poder para influir en su equipo y para inspirar a aquellos que han depositado su confianza en él.

Para ser fuente de inspiración, se necesita primero autoconocimiento y autocontrol.

Autoconocimiento. El LEI es maduro en el conocimiento que puede tener de su propia interioridad, es decir, entra constantemente en contacto con su realidad interior: pensamientos, emociones, necesidades, expectativas, anhelos. Todo esto constituye la base de aquello que proyecta hacia el exterior. El principio de todo es lograr el liderazgo sobre uno mismo (liderazgo intrapersonal), para después como una hermosa coincidencia alcanzar la efectividad interpersonal.

Autocontrol. Esto significa tener control sobre nuestras acciones y reacciones. Un LEI es capaz de dirigir sus actitudes, de manera que comunique a los demás lo que necesita para cumplir con sus objetivos. Para poder elegir nuestras acciones es importante analizar la escala de valores que tenemos contra la que deseamos tener; después utilizando nuestro dialogo interno, cambiando nuestras palabras y la forma que tenemos de programarnos; es como provocamos en nosotros las conductas esperadas, que tienen que ser consistentes en un plazo de tiempo considerable (mínimo 21 días) hasta desarrollar nuevos hábitos que nos hagan trascender. 

Para guiar nuestras reacciones juega un papel fundamental la correcta administración de las emociones, que consiste en utilizar cada emoción en la proporción necesaria. Partimos del principio que no hay emociones negativas, simplemente todas existen y tienen un propósito, que se cumple si las sabemos canalizar y aprovechar. Por ejemplo, no es malo enojarse, pero hay que saber cuánto, cuándo, dónde, con quién y para qué lo hacemos. Esto implica cambiar las respuestas automatizadas o impulsos por respuestas dirigidas a un objetivo particular. El LEI no es reactivo sino proactivo.

 

El arte del liderazgo no consiste en asumir normalmente un tono duro, sino en la capacidad para establecer el clima emocional para poder influir en los demás.

 

Capacidad de guiar para transformar los resultados de los colaboradores. Uno de los errores más típicos de los líderes es la incapacidad de mostrarse enérgico cuando la situación lo requiere. Los errores provocan retrasos, re-trabajo, pérdidas importantes y/o malos resultados, es entonces cuando se requiere señalar la falta pero con inteligencia emocional. Es fácil caer en la tentación de actuar con enojo, con agresividad y por el impulso de la situación, sin embargo, esto no produce el resultado esperado y la mayoría de las veces ni siquiera corrige el error, por el contrario, disminuye la productividad y fractura la comunicación. En otros casos, hay líderes que prefieren no corregir pues carecen de herramientas adecuadas y prefieren evitar el enfrentamiento o creen que se dañará la relación; sin embargo esto a la larga provoca que el líder pierda autoridad e incluso credibilidad y por lo tanto tampoco es conveniente.

Cuando se presenta una situación que hay que corregir, un LEI la enfrenta de la siguiente manera:

  • Espera a tener un control total de las propias emociones. No evade, ni ofende, sino enfrenta con dominio sobre su persona y sobre el momento.
  • Dimensiona la falla (situación) y las consecuencias reales de la misma. Cuidando no exagerar pero tampoco justificar, y sobretodo mostrar claramente lo que se originó por la falla, de ser posible con datos precisos para una mayor comprensión.
  • Brinda un feedback oportuno y completo. Retroalimentar en tiempo significa hacerlo cuando acaba de suceder aquello que se busca corregir, siempre y cuando ya tengas el control de tus emociones; lo importante es no dejarlo “para después” porque no tienes tiempo. Además hay reglas y un entrenamiento para lograr aplicar la metodología feedback y tener éxito.
  • Explica con claridad y firmeza lo que espera del colaborador, llegando a un acuerdo. Se comunica la mejora deseada al colaborador y se establece una fecha para sea posible el seguimiento y la evaluación del cumplimiento.
  • Faculta y brinda coaching para el cumplimiento de los acuerdos. Durante todo el proceso se mantiene cerca del colaborador, revisa los avances, hace preguntas que resulten retadoras y reconoce los logros.

 

“Los líderes son efectivos por lo que son interiormente; por las cualidades que los hacen personas. Para llegar al más alto nivel de liderazgo, las personas tienen que desarrollar esos rasgos interiormente”. (John Maxwell)

 

Un LEI es indispensable cualquier organización, es tiempo de planear una estrategia para agregar inteligencia a nuestras emociones para desarrollar el potencial de nuestros colaboradores al máximo y guiar a nuestros equipos por el sendero del éxito.

 

El reto en tu liderazgo es claro:

Alcanzar un alto nivel de Inteligencia Emocional para Motivar, Inspirar y Transformar

¿Lo tomas o lo dejas?